jueves, 21 de noviembre de 2019

Breve análisis sobre la embestida neo-imperial y colonial en Bolivia

Gobierno golpista de Bolivia

Por: Karina Ochoa*
Las posturas de algunas feministas que desconocen el golpe de Estado en Bolivia y que reducen éste a una lucha de “machos”, deja mucho que desear. Son, sin duda, lecturas simplista y reduccionista, que no permite entender la complejidad del proceso boliviano en los últimos años, y en general de América Latina, procesos que en ha permito el avance de las izquierdas progresistas en nuestro continente.
Desconocer el hecho fundamental de lo que hoy acontece en Bolivia, es decir el Golpe de Estado contra un gobierno constitucional, contribuye a legitimar las narrativas y acciones de grupos de derecha y fundamentalista, cristianos y evangélicos, que capitalizan estas posiciones.
Si bien las críticas internas al gobierno de Evo pueden ser válidas y deben darse casa adentro, en este momento es crucial no perder el piso sobre la estrategia neo-imperial que se ha volcado sobre este país suramericano con el objeto de extraer el litio, el gas natural, y apropiarse de las reservas de agua, etc.
El problema en Bolivia se debe leer a la luz de un arco de tiempo más amplio, y de algunos hechos que representan el parteaguas de la embestida neo-imperial en Nuestramérica: el caso Honduras, el caso Haití, el caso Paraguay, y finalmente Venezuela, pues marcan una nueva deriva en las estrategias neoliberales e imperialistas en nuestro continente.
Primero: el Golpe de estado en Honduras contra Mel Zelaya, en el 2009, reposiciona la vieja estrategia golpista que desde los 50s a los 70s, después de las llamadas Transiciones democráticas que apuntalaron el avance de las políticas neoliberales.
A diez años del golpe, Honduras se encuentra desbastada, los efectos son visibles: el aumento de asesinatos a periodistas y activistas (como Bertha Cáceres), y la descomposición social, el resquebrajamiento del entramado comunitario, el incremento de la violencia y la pobreza (hablamos de un 67% por ciento de la población en estado de pobreza), la migración masivas y desplazamiento poblacional.
A quienes hoy aplauden o legitiman el golpe en Bolivia con posiciones simplistas, se les olvidan las consecuencias del golpe de estado en Honduras. Y, peor aún, invisibilizan también que las primeras que salieron a la calle a defender el gobierno de Mel Zelaya fueron las feministas (autonombradas en Resistencia), quienes -sin olvidar sus críticas al gobierno de Zelaya y sus propias diferencias internas- entendieron que no defender el gobierno constitucional significaba la debacle de Honduras.
A diez años del golpe en Honduras no se “restableció” la democracia, por el contrario, se abrió el camino a la firma de contratos privatizadores de carreteras, puertos y recursos naturales, lo cual -evidentemente- puede ocurrir en Bolivia, pues su riqueza en recursos naturales como litio, gas y agua es muy basta.
Aún con las críticas internas, el reconocimiento de los límites y errores –que no pretendemos desdeñar - no se nos puede olvidar que la llegada del compañero Evo Morales al gobierno en Bolivia canceló el camino rapaz del capitalismo bárbaro neoliberal.
Bolivia, en estos últimos veinte años pasó de ser el segundo país más pobre de América Latina, a ser el país con el mayor crecimiento del PIB anual, se nacionalizaron las industrias del gas y del agua, se crearon 25 mil kilómetros de carreteras, y se creó una nueva constitución plurinacional.
La segunda estrategia neo-imperial-colonial se establece con la ocupación militar de Estados Unidos y la ONU en Haíti, después del terremoto de 2010. La excusa fue la AYUDA HUMANITARIA.
Existen registros que señalan, por ejemplo, que solo el 0.6 por ciento de las donaciones de la Fundación Clinton llegaron a organizaciones haitianas. El 9.6 quedó en manos del gobierno y el 89.8 quedó en manos de organizaciones no haitianas. Hoy las condiciones que vive Haití son lamentables.
Los antecedentes de ocupaciones militares con el pretexto de ayuda humanitaria fueron: Yugoslavia, en 1999 (EU y la OTAN inician la misión Belgrado); e Irak, en 2003, (EU con apoyo de Reino Unido España, Australia y Polonia invaden ese país arguyendo también la famosa ayuda humanitaria).
Hoy, frente a lo que pasa en Bolivia no sería imposible que algunas instancias internacionales que ha seguido a pie letra las políticas neo-coloniales de EEUU, se atrevan a decir que es necesaria una ocupación militar o la presencia militar de la OEA, de EEUU, etc., con el pretexto de la ayuda humanitaria o defensa de los Derechos Humanos. Quizá ese pueda ser el siguiente paso.
El tercer referente de las estrategias neo-imperiales para América son los golpes de estados jurídico-parlamentarios, cuyo primer antecedente lo encontramos en Paraguay, aunque su expresión más reciente se da en Brasil, en el año de 2016, cuando la Cámara de Diputados de Brasil aprueba el juicio político contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que la lleva a su destitución. A esto se suma la persecución política contra Lula para evitar que se postule nuevamente como candidato por el PT.
Hay que decir que el último caso a revisar es el caso de Venezuela, pues resume y sintetiza estas tres estrategias neo imperiales. Recordemos que entre 2016 y 2017 la derecha venezolana representada en la Asamblea Nacional (Parlamento) intentaron la destitución de Maduro. Los argumentos que se esgrimieron es que maduro no había resuelto la crisis con lo cual había dejado de ejercer sus funciones. Estas declaraciones pasaban por alto que dicha crisis fue resultado del bloqueo económico que EU emprendió contra Venezuela.
Por otra parte, bajo el argumento de que Maduro era colombiano, intentaron de forma fallida nuevamente sacarlo de su cargo. Y todo esto sucedía mientras el propio parlamente se encontraba en desacato, según una sentencia del Tribunal Supremo, debido a los nombramientos de diputados por fuera del orden legal.
Recordemos también que enero de 2019, Juan Guaidó (el desconocido) se autonombra presidente de Venezuela, asumiéndose como Líder de la Asamblea Nacional (pese a que ésta fue disuelta en el proceso constituyente previo).
En febrero del mismo año, con lo medios armando un escenario de tramoya se intenta crear una crisis artificial que justifique la invasión bajo el argumento de los Derechos Humanos y la ayuda humanitaria. Eso sucede después del concierto en la frontera de Colombia con Venezuela.
En abril de ese mismo año, se monta un intento de golpe de estado (más bien mediático) que sienta las bases para arremeter contra el gobierno constitucional de Maduro.
Con todo este recorrido se evidencia que el posicionamientos como los que realizan María Galindo, Silvia Rivera Cusicanqui y Rita Segato pierden de vista el entramado imperial que fraguó de forma por demás evidente por los coyotes más racistas y conservadores de BOLIVIA, a través de este ataque civil-militrar contra el gobierno de Evo Morales. Este elemento nos obliga a tener un análisis mucho más complejo y menos sesgado de lo que hoy sucede en Bolivia. Reducir el problema a la “pérdida de legitimidad de Evo” o que es un “dictador que se quiere perpetuar en el poder”, es caer en la trampa de quienes han montado un escenario que justifique el retorno del proyecto neoliberal (por la vía militar) en Bolivia.
No podemos reducir el análisis a decir que es una “lucha de machos”, cuando lo que está pasando en Bolivia responde a estrategias neo-imperiales que han polarizado el escenario nacional de ese país suramericano.
María Galindo, Silvia Rivera Cusicanqui y Rita Segato se equivocan no sólo por tener una mirada simplista y reduccionista de lo que pasa en Bolivia, sino porque sus discursos contribuyen a avalar las políticas de los sectores fascistas, racistas y fundamentalistas evangélicos y cristianos que hoy están matando a mansalva al pueblo boliviano. También se les olvida que quienes han salido a las calles en Bolivia, Venezuela, y en su momento en Honduras, y muchos lugares donde sean hecho las resistencia en defensa de los gobiernos democráticamente electos, son –muchas de ellas- mujeres. Hoy es preocupante que este tipo de posicionamientos aparezcan -tanto con relación a Venezuela como a Bolivia-, justo en los momentos más críticos de la embestida imperial. No podemos pensar que sea casual que aparezcan las voces “críticas” de las algunas compañeras feministas justo cuando estamos obligadas a cerrar filas contra la embestida neo-imperial y para defender no sólo los gobiernos democráticos sino a los pueblos de los que somos parte.

México, 21 de Noviembre de 2019.

*Karina Ochoa Muñoz es feminista, académica y activista mexicana. Doctora en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), forma parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en México. Actualmente se desempeña como profesora e investigadora en la UAM, y forma parte del colectivo La Guillotina.





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